Mediante la fijación del dióxido de carbono (CO2) de los cultivos, a través de la fotosíntesis, se producen alimentos y otros productos agrícolas esenciales. La sociedad actual parece haber olvidado que a la agricultura corresponde directamente proporcionar a los habitantes del mundo el alimento y la energía para que puedan realizar su actividad diaria, además de otros muchos productos, como tejidos, fármacos, etc. Además, la agricultura puede contribuir a mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), secuestrando carbono atmosférico y produciendo biocombustible. A diferencia de otros sectores, como la industria o el transporte, la agricultura es capaz, bajo un manejo apropiado, no sólo de reducir a cero las emisiones de CO2 a la atmósfera sino de capturarlo y almacenarlo como C orgánico en el suelo, o en la biomasa de la vegetación perenne, a la vez que puede minimizar las emisiones de metano (CH4) y óxido nitroso (N2O). Para valorar realmente el papel que la agricultura juega en la reducción de CO2 atmosférico es necesario conocer cuánto CO2 de la atmósfera puede capturar la agricultura y cuánto tiempo éste puede permanecer secuestrado sin que retorne a ella. No sólo importa cuánto CO2 se elimina de la atmósfera sino cuanto tiempo permanece estabilizado sin volver a emitirlo, y de nuevo pasar a formar parte del problema; en este sentido la agricultura no se diferencia mucho del papel que desempeña un bosque.
El autor es Doctor Ingeniero Agrónomo y Catedrático Emérito de Agronomía en la Universidad de Córdoba (España). Ha desarrollado una intensa labor investigadora en los agroecosistemas mediterráneos, en especial en los experimentos de campo de larga duración, estudiando la influencia de las prácticas agronómicas en la sostenibilidad de la producción y el secuestro de carbono; con énfasis en los sistemas de laboreo, rotaciones de cultivo, especialmente con leguminosas, y la eficiencia en el uso del nitrógeno. Ha publicado numerosos libros y artículos científicos y técnicos sobre estas materias.
