Estas pequeñas monografías, de amena e interesante lectura, forman un friso impresionista, magníficamente ilustrado con fotografías de García Omedes, que despliega ante nosotros, como brillante tapiz, una gran variedad de motivos y aspectos del Románico aragonés que nos ayudan a situarlo en el tiempo y circunstancias en que desarrollan sus trabajos maestros como el de Jaca o Agüero cuando plasmaron en piedra el mundo en que vivían.
Más allá de las visiones histórico-artísticas más tradicionales, como las cronológicas o las estilísticas, el presente libro aborda desde nuevas perspectivas cuáles eran las funciones que desempeñaba la obra artística en la sociedad medieval, al tiempo que traza muchos de sus progresos que resultaron cruciales, entre ellos el desarrollo de un arte profano y de una narrativa histórica, así como el surgimiento del retrato individual.
El resultado es un novedoso panorama del mundo medieval, de sus instituciones, gentes y hechos, que abre a estudiantes e investigadores (no sólo en el ámbito de la Historia del arte) nuevas y fructíferas vías de análisis y estudio del arte medieval.
