Rastros es el título que Alicia Vela ha elegido para reunir en una exposición un conjunto de pinturas, grabados y dibujos que la artista realizó entre 1983 y 2007. Este no es un catálogo al uso, de la misma manera que Rastros está lejos de ser una retrospectiva convencional. En los textos firmados por Alicia Vela, como en las obras expuestas, la autora se espeja, es decir, se contempla, desdobla y traspasa de la misma manera que su alter ego de ficción –la Alicia de Tenniel– lo hace en las páginas de Carroll. Para contarse en el presente, Alicia Vela ha tenido que buscar, recopilar e interpretar huellas infinitesimales de su trayectoria pasada, en lo artístico y lo vital.
En las salas especularmente confrontadas, pinturas de gran tamaño dialogan con xilografías, grabados o dibujos de distintas etapas, formatos y series. El discurso diacrónico ha sido sustituido por la lógica interna de un imaginario que se formula y revisita, siempre transformado, ante nuestros ojos.
En estas líneas Alicia Vela (Villalengua, 1950) describe algunas de las «experiencias suspendidas en el tiempo» que componen su biografía artística y su imaginario poético. Comprometida, desde 1979, con un concepto del arte como método de construcción y transmisión de conocimiento, Alicia ha compaginado la creación con la investigación y la docencia académicas. Sus obras, reflejo de una constante inquietud intelectual, se han expuesto en nueve países de tres continentes distintos, Europa, América y Asia. Con esta publicación, la artista nos invita a compartir el paradigma indiciario que ha marcado su manera de entender el proceso creativo: «buscar rastros para generar significados».
