Luz, una mujer con trastorno bipolar, es dada de alta de la Unidad de Agudos de Psiquiatría tras superar una depresión severa. Durante su ingreso coincide con Eliseo, un paciente con un idealista delirio inventor. También conoce a Wanda, una joven auxiliar de clínica que relata la dramática historia de su infancia y adolescencia en centros de protección de menores tras una adopción fallida y su lucha contra la obesidad. Pili y Camarena, que se dedican al seguimiento de pacientes en visitas domiciliarias, se verán envueltos en una particular odisea. Al volver Luz a su pueblo, después de doce años, tendrá que enfrentarse a viejos fantasmas del pasado…
Todos vivimos en un mundo hecho de narraciones que intentan explicar nuestra realidad. Y nos construimos a nosotros mismos por medio de ellas. Los relatos son indispensables cuando aparece el dolor, la enfermedad, el sufrimiento… También la práctica médica es un acto comunicativo: el médico debe escuchar y entender el relato de cada paciente. Del mismo modo, en esta novela multitrama, Concha Fernández Milián, psiquiatra («testigo del alma humana al desnudo, de sus luces y sus sombras») y escritora, se hace eco de las voces, las historias y conflictos de un coro de personajes que viven a un lado y otro de la enfermedad, para que el lector vaya sacando sus propias conclusiones, porque, en definitiva, también se trata de otorgar ese sentido que ayude a construir relatos superadores de resistencia y supervivencia.
Tramas paralelas y simultáneas, subtramas, analepsis frecuentes, elipsis temporales… invitan al lector a «reconstruir» las vidas de los protagonistas de esta Canción triste… que también tiene su propia banda sonora.
En Iguana blues, un alegato contra la intolerancia, el acoso escolar, la homofobia y el racismo, se exploran con especial acento los límites del perdón, la capacidad de resiliencia y, al igual que en Más allá de la puerta blindada, el amor en sus diversas manifestaciones. Junto a variadas facetas del amor maternal, también surgen el erotismo, el desamor, la amistad y, de manera destacada, la trágica relación, tan habitual en la literatura, entre el amor y la muerte. De un modo u otro, todos viajamos en esa «nave de los locos» buscando un destino en el que podamos sentir que somos, como dijo la psicóloga Emmy Werner, «vulnerables pero invencibles».
