La necesidad imperiosa de conservar las plantas de crudo rumanas obligó a Hitler a enviar al reino algunas de sus mejores unidades, sobresaliendo la Grossdeutschland de Hasso von Manteuffel, el «barón Panzer», quien, partiendo de los principios de movilidad y maniobrabilidad, conseguiría frenar el avance del II Frente Ucraniano de Konev en Moldavia y Besarabia. Esta importante victoria táctica perdería valor en agosto cuando, dispuestos a rendir Rumanía –país clave en términos geoestratégicos para el futuro dominio de los Balcanes– los frentes ucranianos de Malinovskii y Tolbukhin acometieron la Segunda Ofensiva de Ia?i-Chi?in?u.
Resueltos los problemas de aprovisionamiento, derivados del excesivo estiramiento de las vías de suministro durante 1943 y 1944, y lanzada el mes anterior la decisiva Operación Bagration –clave para que el OKH decidiera retirar del reino formaciones de peso como la propia Grossdeutschland–, la STAVKA concedió absoluta prioridad a la campaña rumana movilizando para su ejecución cerca de un millón de hombres, mil cuatrocientos carros de combate, mil ochocientos aviones y dieciséis mil piezas de artillería. La insostenible presión militar soviética, unida a las precarias condiciones en que se hallaban los defensores germano-rumanos –en inferioridad numérica y con una fuerza acorazada muy limitada–, terminaron precipitando la caída de Antonescu y desencadenando un giro político que abriría al Ejército Rojo las puertas de Ploie?ti, los Cárpatos y Transilvania.
