La constitución de la Santa Iglesia Catedral de Albarracín, de 1593, establece las obligaciones y dotaciones de todos lo estamentos catedralicios: “Establece que en dicha Iglesia hay un Maestro de Cantores, a él compete regir la capilla de cantores en todos los oficios que se cantan con órgano, según las costumbres y disposición del Cabildo, tanto en la Iglesia como fuera de ella…”. En el Libro de Cuentas de 1785, se determina el oficio, obligaciones y emolumentos que corresponden al maestro de capilla: “Este beneficio es para gobernar la música, componer las letras y enseñar a los infantes…”
No encontramos en el archivo de Albarracín ninguna composición en romance del siglo XVI y primera mitad del XVII alusiva a la Navidad o Corpus Christi, a excepción de un Tono a 4, Borrador del Quarto Tono al Smo. Sacramento: Qué dulcemente hiere el amor, de Matías Capitán (Mateo Romero, Rosmarin, 1575-1647), cantor y maestro de la Capilla Real española. Son pocos los ejemplares de villancicos de durante el siglo XVII en esta catedral, no así las noticias acerca de los villancicos que se cantaron con motivo de estas festividades y los gastos extraordinarios que ocasionaban. EL cuerpo más grueso de villancicos se da durante el siglo XVIII, en su segunda mitad, y se prolonga hasta la muerte del maestro de capilla José Felipe Teixidor y Latorre, acaecida en 1836. A continuación, debido a la desamortización de bienes elesiásticos decretada por los Gobiernos de Madrid de 1834-1836, durante la regencia de María Cristina, la capilla de música fue reducida en cantores e instrumentistas, que la incapacitaron para alcanzar el nivel de las décadas anteriores.
Estudio y transcripción Jesús María Muneta Martínez de Morentín.
