Peregrinan en un espacio físico y un paisaje humano que nada puede hacer ante lo que esta familia aparentemente modélica y sin suerte desata a su paso allá donde va.
Una reflexión sobre la identidad y los procesos de destrucción de la misma, que implican el sometimiento psicológico y la aniquilación del ser íntimo. Búsqueda de la memoria personal y, a la vez, de esa pequeña colectividad que significa la familia. Qué estamos dispuestos a hacer en su nombre, qué estamos dispuestos a soportar para poder seguir perteneciendo a ella.
Esta novela obtuvo el Premio La Linares, de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y la Campaña Nacional de Lectura Eugenio Espejo, recibiendo elogiosas críticas. La edición española está prologada por el prestigioso escritor ecuatoriano Leonardo Valencia y cuenta con una cubierta del diseñador montisonense Óscar Lamora. La obra incluye un epílogo de Sandra Araya sobre la narrativa contemporánea en Ecuador.
