Miembro del grupo El Paso junto al oscense Antonio Saura y el turolense de Crivillén, Pablo Serrano fue uno de los artífices de la renovación de la pintura española de posguerra. Viola, después de transitar por el surrealismo de preguerra, conectó la gestualidad de la abstracción lírica francesa con la tradición de la pintura española (en la estela de El Greco y Zurbarán, pero sobre todo de Goya), llegando a ser uno de los más destacados pintores del informalismo español. Si, como se ha dicho, el blanco y el negro fueron los colores del grupo El Paso, uno de sus acentos más intensos los puso Viola a partir de su mítico cuadro “La saeta”(1958).
De Viola, el comisario de la exposición, Javier Lacruz, escribió: “De su lacia cabellera blanca, de alazán anarquista y sujeto desbocado, surgieron la urdimbre del lienzo y las hebras de los pinceles de sus cuadros. De su genio, primero surreal y luego expresionista, el sentir de la veta brava de la pintura española. De su voz, bebida y cascada, los soberanos títulos de sus obras. Hablo de Manuel Viola, pintor”.
