Catálogo de la exposición en la Universidad de Zaragoza inaugurada en el Paraninfo ‘Fatales y perversas. Mujeres en la plástica española (1885-1930)’, una exposición que pretende revisar la imagen de la mujer fatal en las artes plásticas españolas, haciendo especial hincapié en la pintura pero sin olvidar la escultura, la ilustración y la fotografía, disciplinas en las que estas mujeres fueron ampliamente representadas.
En España, la moda de la mujer fatal tuvo su origen en las corrientes del fin de siècle parisino, como el decadentismo y el simbolismo, y aunque se adoptó con algo de retraso, incorporó una imagen de la mujer fatal con un particular acento.
Dentro de nuestras fronteras, buena parte de la nueva generación de artistas que protagonizó el cambio de siglo sucumbió a tan sugerente iconografía. Se trata de creadores como Hermen Anglada Camarasa, Federico Beltrán Masses, Julio Romero de Torres, Gustavo de Maeztu, Anselmo Miguel Nieto, Néstor, o el propio Ignacio Zuloaga, entre otros. Todos ellos introdujeron los fatales deseos entre sus preferencias icónicas.
Y lo hicieron repetidamente, hallando la inspiración en fuentes como la literatura, la mitología, la historia o la Biblia, generadoras de mujeres fatales convertidas en paradigma de amor y muerte, del deseo que conducía a un fatal desenlace. De entre las míticas Pandora, Medea, Astarté, Proserpina, Circe, Helena de Troya, Fílide, Eva, Judith, Dalila, Salambó, Lorelei, Cleopatra o Mesalina, fue, sin duda alguna, Salomé la preferida por los artistas españoles. Eso sí, con una fuerte competencia de las mujeres reales, en especial las majas, esas hermosas y seductoras féminas propias de la cultura hispana.
Todo ello se enmarca entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, en pleno proceso de modernización artística, justo en el momento en el que se estaban ensayando nuevas formulaciones artísticas. Pero independientemente del estilo que cada uno de los artistas representados en la exposición empleara, desde el regionalismo andaluz de Romero de Torres, al evidente simbolismo de Beltrán Masses, pasando por el peculiar decorativismo de Anglada Camarasa y las líneas déco de la escultura o el orientalismo de la ilustración, es innegable que la imagen de la mujer fatal se ganó un lugar más que destacado en la plástica española.
