La obra recopila la memoria de Antonio Giménez Carrión, quien con sus 103 años, conserva aún una clara memoria de los acontecimientos que vivió, como oficial del Ejército republicano, desde la sublevación en Barcelona en julio de 1936, a su actuación en el Alto Aragón y Sobrarbe como responsable del S.I.E.P. (Servicio de Información Especial Periférica), en el Alto Aragón y Pirineo leridano, con sede en Mediano, trasladado posteriormente al S.I.M. y con una azarosa vida la cual desgrana en las paginas de este volumen que incluye sus vivencias hasta finales de la Segunda Guerra Mundial.
El periodo de la guerra civil, el autor se incorporó al S.I.E.P. (Servicio de Inteligencia Especial Periférico) del Ejército Popular de la República, como responsable del sector del Alto Aragón, con sede en Mediano, así como su convalecencia en el Hospital de sangre de Boltaña (el monasterio de dicha localidad), tras ser herido.
Sobre Antonio Giménez, el editor y compilador Jesús Sampériz Maluenda señala: se ha mirado al espejo y ha dictado sus recuerdos envueltos en sus creencias y en sus convicciones. Ha sido un trabajo largo y ahora que se acerca a los 103 años queremos que se convierta en papel cumpliendo con ello un deber de reconocimiento. Queremos que Antonio vea sus conversaciones convertidas en letras sobre las páginas encuadernadas de un libro que pueda dedicar a sus amigos, que pueda colocar en su biblioteca y que cualquier miembro de su familia pueda coger tener en sus manos para recordar, entre las líneas de su vida, la vida de todo un país.
Las vicisitudes de este superviviente privilegiado por la naturaleza y el destino han sido las de muchos españoles que nacieron en una sociedad del siglo XIX, se ilusionaron con la llegada de la II República y sufrieron una guerra, más bien un genocidio. La mayor parte de ellos ya pertenecen al pasado. Buena parte de ellos cayeron en los campos de batalla o en los pelotones de la represión, otros vivieron, heridos de silencio, los años de franquismo y ni siquiera en plena democracia han visto reconocida su vida y su esfuerzo por luchar por las libertades. Para todos se ha corrido el telón del tiempo y pocos son los que han conseguido completar la travesía vital de Antonio.
