El libro muestra «la cara humana de los notarios» recopilando sus anotaciones escondidas en los documentos notariales de los siglos XV al XVII.
El autor de esta publicación, el diplomático aragonés Manuel Gómez de Valenzuela, ha destacado que esta recopilación es «curiosísima» y «un divertimento que muestra la cara humana de los notarios y demuestra varias cosas», en primer lugar que estos profesionales eran en aquellos siglos «una gente muy culta», ya que los versos que escribían en latín estaban «bien hechos». Además, las poesías «seguían el estilo de la época, por lo que estaban al tanto de la última moda» y en el caso de las crónicas «las redactaban divinamente, es una cosa periodística, lo cuentan muy bien».
Los notarios utilizaban los protocolos «como un dietario, como un cuaderno donde anotar todo», como las visitas de los Reyes Católicos, fenómenos naturales como tormentas, lluvias «tremendas», un eclipse de sol o un terremoto. También «contaban sucesos que pasaban en la ciudad, crónicas de batallas, milagros de la Virgen del Pilar» y algunos notarios «metían poesías suyas» en los protocolos, textos «de varias clases». Unas «eran invocaciones, porque eran gente muy devota y empezaban pidiendo a la Virgen que les iluminara y les hiciera escribir la verdad»; otros eran poemas en latín «francamente buenos», pero «en cambio los que escriben en castellano son francamente malos, porque la prosa notarial es todo lo contrario de la poesía». Aparecen «cosas muy curiosas» como el relato sobre el «asesinato del Arzobispo de Zaragoza en 1429 y otra contra el Papa Sixto IV, que se gastaba el dinero de mala manera y hay un poema poniéndolo verde por malgastar el dinero en joyas». Otros versos «muy interesantes desde el punto de vista histórico» hacen referencia a la supresión y vuelta de los Fueros de Aragón y un notario, «de buen humor, escribió unas coplillas indicando que estaba horrorizado porque no sabía nada de leyes de Castilla y ahora las tenía que utilizar de golpe».
