El símbolo ciudadano más importante de Zaragoza a lo largo de los tiempos, lo constituyó una esbelta torre mudéjar, que los ciudadanos llamaron Torre Nueva.
El 22 de agosto de 1504, los jurados acordaron erigir una torre de reloj que sirviese para medir el tiempo en la ciudad. El rey Fernando el Católico aceptó el proyecto y la obra se encargó al arquitecto Gabriel Gonvao.
Su base era octogonal y tenía 45 pies de diámetro. La altura total de la torre era de 312 pies. Hasta diez pies del suelo la torre permanecía vertical, pero a partir de esa cota comenzaba a inclinarse hasta la altura de 210 pies, a partir de ahí recuperaba la verticalidad.
Durante los Sitios sirvió de atalaya para controlarse el movimiento de las tropas francesas. Los viajeros románticos escribieron sobre ella y se publicaron multitud de grabados.
En 1846, la torre quedó maltrecha y hubo peticiones de derribo que continuaron años más tarde. Los hermanos Gascón de Gotor organizaron una movilización de prensa y de intelectuales para evitarlo su demolición. El AMZ conserva esta documentación que fue donada por la familia. Finalmente el 12 de febrero de 1892 el Ayuntamiento acordó su derribo.
