Durante la Edad Media, las intrigas y traiciones eran el pan de cada día entre los diversos estamentos de la Iglesia. Obispos, inquisidores, abades y priores urdían tramas secretas sin importarles las víctimas que dejaran a su paso, con el único objetivo de aumentar su poder y su riqueza. Porque cuando la codicia se cruza en su camino, el hombre es capaz de convertirse en un lobo.
Bajo estas premisas, el personaje central de la novela, Fray Genaro, siempre había sido un monje fuera de lo común, y eso le había procurado más de un problema. En el pasado, su tenaz búsqueda del Sagrado Cáliz le había llevado a enfrentarse nada menos que con la Santa Inquisición, y si no hubiera sido por la providencial intervención de su influyente tío las consecuencias para fray Genaro habrían sido fatales.
Retirado en la soledad de un convento cisterciense, sometido al control del abad y a la férrea disciplina de la vida monástica, fray Genaro siente marchitarse su vitalidad. Pero el destino está a punto de darle una oportunidad de redimir su vacío existencial: unos extraños jeroglíficos encontrados en la pared de la habitación de un moribundo al que se le había encomendado proporcionar los últimos sacramentos, y el encargo de una misión más allá de los muros del monasterio, lo pondrán en la senda de un misterio sembrado de enigmas y aventuras enmarcadas en el incomparable y mágico entorno del Pirineo oscense, donde, una vez más, fray Genaro deberá enfrentarse a sus demonios y a las trampas de la realidad.
