Eduardo Laborda Gil (Zaragoza, 1952) es uno de los artistas fundamentales en el panorama del arte zaragozano del último tercio del siglo XX y las dos primeras décadas del actual. Dibujante, pintor, grabador, coleccionista, cineasta, editor, comisario de exposiciones, escritor, su variada y prolífica trayectoria le ha convertido, sobre todo, en uno de los principales y más significativos representantes de la figuración aragonesa en el periodo de entre siglos.
«Mi madre es la culpable de esta exposición». Cuando Eduardo Laborda tenía 6 años, su progenitora le llevó al cementerio. «Le encantaban las flores y estaba obsesionada con la muerte». Delante de una fosa común, le dijo a su hijo pequeño: «Vas a ser escultor para construirme un panteón tan bonito como este. Que la que me dio la vida me dijera eso en ese lugar, marcó mi devenir en el arte que ha combinado siempre la idea de la vida y la muerte».
A pesar de que Laborda ha trabajado durante sus más de 40 años de carrera como escultor, pintor y grabador; la muestra, que contiene 66 piezas, se centra en su faceta plástica, aunque dos de sus esculturas son las que abren la visita. «Son de las primeras que hice, aunque rápidamente ví que aquello era muy caro y que no podía dedicarme a ello, así que me pasé a la pintura», indicó el propio Laborda en la presentación. En su faceta pictórica, la exposición recoge desde sus pinturas escultóricas hasta sus paisajes urbanos pasando por pinturas más propias casi de la ciencia ficción. Mención especial merece su acercamiento a la mitología humanizada, en la que dibuja diosas de la antigüedad con rostros actuales, sacados de mujeres corrientes. El último apartado de la exposición incluye 15 dibujos, retratos de personas muy vinculadas con el artista a nivel afectivo. De hecho, la muestra concluye con el retrato de Victorina de Trasobares, su madre.
De entre todas las obras, el artista quiso destacar la Iris del Coso alto, un acrílico en el que refleja la céntrica calle zaragozana desde un balcón en lo alto del edificio situado enfrente del Palacio de Sástago. En la ventana aparece su compañera: «Creo que es una de las obras que más me gusta de esta muestra ya que mi compañera también es una parte muy importante de mi vida artística».
Esta retrospectiva, anunció el artista, «será la última» que realice en Zaragoza. «Es la más importante y el punto y final a mi carrera aquí en mi ciudad. Con esta exposición se materializa uno de los sueños de cualquier artista de aquí. Para mí, una llegada a la meta desde que partí hace muchos años». A partir de ahora, Laborda se dedicará a exponer su obra por otros lugares.
