En 1870, un labrador de Villafranca de Ebro planteó por primera vez la construcción de un pantano en el río Gállego para reserva de agua de los regadíos de Zaragoza. Hubo que esperar más de cuarenta años para que aquella sugerencia se pudiera convertir en una hermosa realidad.
El embalse de La Peña, inaugurado el 24 de julio de 1913, es una de las obras hidráulicas más emblemáticas y útiles de Aragón. Cuando comenzó a funcionar a pleno rendimiento, sus aguas permitieron impulsar la agricultura y la industria azucarera de Zaragoza durante décadas.
El libro pretende rendir homenaje a sus impulsores, desde Severino Bello y Jorge Jordana hasta los regantes de principios del siglo XX, y a todos aquellos que han mantenido vivo durante cien años este sueño hidráulico. Asimismo, con el mismo se ha querido reconocer a los habitantes y a los pueblos del valle que dio cobijo a sus aguas durante este siglo.
En sus páginas se relatan las diversas vicisitudes que acompañaron a su construcción, el trazado de nuevos viales y del ferrocarril a Canfranc, o los pueblos y habitantes de la zona que se vieron afectados por este embalse, todo ello acompañado de un abultado apartado gráfico de época y de la actualidad.
