Con este libro Ana María Navales sella, aunque de forma abrupta –no se olvide que estamos ante una novela póstuma interrumpida por la muerte-, la “pasión” que cimentó su trayectoria creativa, según Marta Agudo. Pese a las trágicas circunstancias en que se escribió, inocula un entusiasmo por la literatura, el arte y la vida que sólo una persona de su fuerza arrolladora podía suscitar.
