En un tiempo en el que la crítica cinematográfica se confunde a menudo con la publicidad y la mercadotecnia, resulta adecuado detenerse y mirar atrás para recordar dónde se asientan los pilares del cine y recuperar el espíritu en el que reside su poder de fascinación: su condición de teatro de sueños, de propaganda de hermosas mentiras, y su contraste con las grandezas y miserias de nuestra vida diaria.
