Tras el “Desastre” colonial de 1898, la elite cultural española encontró la solución a los “males de la patria” en la reforma de la enseñanza y la europeización de la ciencia nacional. Su objetivo era preparar a una nueva “minoría dirigente” que devolviera al país la gloria perdida. Para ello, estos intelectuales no sólo admiraron al Imperio triunfante del momento, el británico; sino que también trataron de reproducir el ideal inglés de masculinidad. De esta manera, y gracias al apoyo gubernamental, favorecieron la creación de una serie de establecimientos donde emprendieron la formación del gentleman español.
