La atención y los cuidados no profesionales prestados a personas en situación de dependencia en su domicilio, por personas de la familia o de su entorno, deben orientarse siempre a mejorar la calidad de vida de la persona en situación de dependencia. Pero para ello, también resulta imprescindible que el cuidador adquiera hábitos correctos que le ayudarán a realizar estas tareas con seguridad, no sólo para la persona en situación de dependencia, sino también para sí mismo. Debido a los movimientos repetitivos que resultan de la realización de las “tareas de cuidar”, la formación del cuidador en higiene postural, movilizaciones y transferencias resulta básica para que desde el primer momento comience a cuidarse físicamente, previniendo así futuras complicaciones y posibles riesgos para la salud.
