Recupera Sd Ediciones este breve cuento de Pepín Bello al que pone imágenes Manuel Flores. Bello dedicó este cuento putrefacto a uno de sus sobrinos-nietos y representa un compendio magnífico de la «sustancia» -buitres, animales podridos y carroñas transportadas maliciosamente al deseo infantil y a la buena educación familiar- y del «tono» -una asombrosa levedad literaria- de su persona. Las páginas finales cuentan con una breve reseña e interpretación de Pepín Bello que firma Juan José Lahuerta.
