Francisco de Quevedo mostró una acusada tendencia a revisar sus obras. Entre éstas hay que contar El Buscón: una recogida en la edición príncipe de Zaragoza de 1626 y tres en otros tantos manuscritos carentes de fecha y de indicios para fijar el momento de su redacción. Es imposible encontrar un fragmento del Buscón en el que coincidan literalmente las cuatro versiones. Todo lo que durante siglos se pensó y escribió acerca del Buscón se basa en la edición de 1626, y sólo investigaciones recientes como la que ha dado fruto a la presente edición han tenido en cuenta los mencionados manuscritos. Reproduce el ejemplar de la edición príncipe conservado en la Biblioteca Universitaria de Zaragoza.
