En el Burdeos de los años sesenta, el joven Titú nos lleva a su pequeño mundo interior: el de la infancia olvidada, las golosinas y los sótanos de carbón. A su alrededor, su familia, sus sueños y sus juguetes. Por lo visto, no necesita nada más. El mundo es realmente perfecto para él, y nada parece perturbarlo. Pero la vida no es tan sencilla. Titú crece, ve el mundo de otra manera y tiene que adaptarse a los cambios, incluso cuando no son bienvenidos. Fábula realista a la que pone imágenes el zaragozano Nacho Casanova.
