Durante lustros, el Monte Perdido constituyó la cima más reputada de los Pirineos. A tenor del elevado número de visitantes que actualmente acoge su puntal de 3.355 metros, parece que los montañeros le han perdonado el no ser –como inicialmente se pensó– la cúspide de la cadena. Su vértice ocupa una digna tercera posición.
