La poesía vivida de Begoña Abad es encarnada y chisporrotea a su alrededor y son muy pocos los que podrán decir que pasaron indemnes junto a esta mujer empeñada en vivir de pie, encarada a la vida, inventándola, espantando con generoso amor toda la soledad y esperando que entre medias, ocurra algo sencillo.
