Este libro puede leerse como el dietario de unos meses donde la desesperación se adueñó de la vida del autor; o como un libro de viajes en el que Fernando Sanmartín nos narra su travesía más triste; o como un cuento en el que un niño de cuatro años se pierde por un bosque y, tras enfrentarse a demasiados peligros, consigue salir indemne.
