Judas de Cariot todavía es una figura fascinante, y enigmática, veinte siglos después de su suicidio. Esta novela llena la ausencia de un retrato personal e íntimo del «traidor por antonomasia», al que el autor describe como el más inteligente e instruido de los Doce. Pero el autor es disidente de esa Tradición establecida que señala a Judas como el traidor. Las intrigas de la resistencia israelita contra el Imperio, el statu quo alrededor del Templo y su corrupta casta sacerdotal, o las tensiones políticas entre Pilatos y Herodes Antipas, conforman el paisaje de esta novela.
