“En el marco temporal de la primera guerra carlista, el abad de una vieja y venida a menos abadía del Pirineo, se enfrenta a las más variadas y comprometidas situaciones dentro y fuera de su monasterio. Ya en el ocaso de su vida, repasa su trayectoria en unas Confesiones sin destinatario definido, tal vez con intención de recordar sus actos para comprobar cual es su estado de amistad con Dios; no tanto por sus actos particulares, como los que le afectan en función a sus responsabilidades como abad” (Pedro Abarca).
