Severino Pallaruelo presenta en este Pirineos, tristes montes unos Pirineos nada idílicos. Una tierra dura, donde hasta transportar un cadáver es una difícil tarea y donde los habitantes son supervivientes, pero donde se cuela, como de rondón, el humor, la ternura y el deseo de un mundo mejor. Como los cuentos narrados alrededor de la lumbre, en esta obra nos parece estar escuchando las voces de un mundo cercano y a la vez, olvidado.
