En Claro interior Guinda, sintetizándose a sí mismo –la compulsión básica del ser humano que se precia de serlo- se arriesga y, a contracorriente, concibe la poesía como arte útil que, emanando de una necesidad, acaba cubriendo tal vez muchas. Su poesía son palabras que hablan del mundo y que no sirven de nada si trazan círculos concéntricos. La lucha del poeta por lograr que la habitación de sí mismo sea un claro interior y no un cuarto aislado de la calle.
