Cada relato de este libro es una esquirla que, como un puzzle, se va incrustando en las otras para recomponer el azogue donde se refleje la vida en un espacio –la llanura se extiende al sur de Huesca- tomado como ámbito real o territorio mítico. De la niñez a la senectud, cada protagonista encarna una edad y un tiempo distintos, a veces entrelazados por algún nexo (un padre aviador y su hija, el mismo lugar recorrido por dos personas con sesenta años de diferencia…) y siempre con la sierra de Guara como telón de fondo. Aunque un espejo reconstruido nunca representa fielmente la realidad, porque su lámina fragmentada la descompone como en un cuadro cubista. De ahí las alucinaciones o las leyendas que, en algunas páginas, afloran desde el fondo del subconsciente, individual o colectivo.
