La llegada a Zaragoza de Antonio Pérez, secretario de Felipe II, precipita uno de los periodos más turbulentos y determinantes, no sólo en la historia de Aragón sino en la historia de España. Pelegrín Cavallería, un descendiente de judíos conversos, al servicio de Juan de Lanuza, Justicia Mayor del Reino, vive con especial protagonismo los difíciles días que se han dado en llamar “Las Alteraciones de Aragón”, que terminan con los Fueros y la soberanía de los aragoneses.
