Esta zona fue repoblada en tiempos de Sancho Ramírez y fue este mismo monarca quien donó la iglesia de este lugar al monasterio de San Juan de la Peña en el 1092. Durante algún tiempo fue un enclave importante por su estratégica situación en la ruta de Luna a Huesca por Obano, pero cuando esta cayó en desuso el lugar se despobló y quedó abandonado. El palacete fue construido por los Luna aunque antes pudo pertenecer a la orden del Temple.
De esta fortaleza quedan importantes restos, tanto de la torre defensiva como del palacio señorial anexo. La torre tiene gran altura y planta rectangular, de unos 9 por 7 metros, con puerta en arco apuntado y ventanas en arco de medio punto o geminadas, además de aspilleras y restos de buhardas con matacanes. El interior se organiza en tres plantas con los techos apoyados en arcos apuntados.
Del edificio señorial se conservan algunos restos, como una pared en la que se abren ventanas que fueron geminadas y la puerta de acceso, en arco ligeramente apuntado y dovelas. En uno de sus extremos se levanta lo que pudo ser una torre, hoy en mal estado, aunque conserva parte de la bóveda apuntada que cubría la planta baja así como parte de los pisos superiores, muy rebajada en altura.
En las cercanías se sitúa una ermita de estilo románico.