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Tres obras de Aguayo procedentes de una donación, ingresan en el IAACC Pablo Serrano

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La donación ilustra el período de actividad del Grupo Pórtico (1947-1952)

Del 29 de noviembre de 2012 al

Don José Uriel, donó al Gobierno de Aragón, tres cuadros de su colección del autor Fermín Aguayo. Tres obras de gran importancia en la trayectoria artística del pintor y que formaron parte de la muestra antológica llevada a cabo en el Museo Nacional Reina Sofía de Madrid en 2005 y en el Palacio de Sástago de Zaragoza en 2006.

La trascendencia de Aguayo en el nacimiento de las vanguardias aragonesas es fundamental, por lo que se consideró conveniente que estas obras formasen parte de las colecciones del Gobierno de Aragón y fueran asignadas al IAACC Pablo Serrano.

Con esta donación, que incrementa la colección estable del IAACC Pablo Serrano, se ilustra el período de actividad del Grupo Pórtico (1947-1952) y completa el fondo existente en la actualidad de esta destacada figura en las colecciones públicas aragonesas.

Les insectes, 1948
Tortilla flat, 1950
Autorretrato, 1968

 

LAS OBRAS

La primera de ellas, Tortilla flat, es una pieza de interés que se corresponde con la trayectoria artística desarrollada por Aguayo en torno a los años 40, denominada por la crítica «etapa zaragozana», caracterizada por la aplicación de los postulados de la abstracción a través de la influencia de la obra de Paul Klee. Se trata de una obra configurada a base de líneas gruesas y cuadrículas que delimitan los diversos campos que integran la obra, todo ello a través de una paleta cromática a base de ocres y colores terrosos.

Similares planteamientos aparecen en la obra Les insectes, encuadrada también dentro de la «etapa zaragozana». En ella, junto a los elementos reseñados en la obra anterior habría que añadir la presencia de aspectos de clara filiación onírica que muestran el interés del autor en aquellos años por la plasmación de temas que entronquen con las corrientes surrealistas.

Por último el Autorretrato del artista se sitúa dentro de la evolución y desarrollo de la pintura de Aguayo en su etapa parisina, caracterizada por el retorno a la figuración. En esta obra se advierten los rasgos fisonómicos del artista ejecutados de forma expresionista definidos por la disolución de los contornos, que aparecen difuminados y borrosos y por el tratamiento a base de pinceladas gruesas, muy empastadas, en las que priman los tonos grises y oscuros.

EL ARTISTA

Fermín Aguayo (Sotillo de la Rivera, Burgos – 1926-París 1977) es una destacada figura dentro de la pintura española. Burgalés de nacimiento, llegó a Zaragoza recién acabada la Guerra Civil, huyendo de la miseria, y se inició muy pronto en la creación artística como refugio a sus penurias.

A mediados de los cuarenta la pintura se convirtió en su principal razón de ser y, junto al arquitecto y pintor Santiago Lagunas y el también artista Eloy G. Laguardia, fundaron el Grupo Pórtico (1947-1952). Primer colectivo español que asumió la abstracción como forma de expresión creando un universo plástico alejado de los cánones al uso. Sus investigaciones en el seno del grupo, con el que desde 1947 participó en diferentes exposiciones por toda España (Zaragoza, Madrid, Bilbao y Santander), le llevaron a ensayar diversas formulaciones abstractas que le reportaron no pocos éxitos y fuertes críticas también. Poco a poco su trabajo fue adquiriendo prestigio –con exposiciones en París, Nueva York…– atravesó caminos informales y desembocó en un estilo figurativo, en el que la luz y el color lograron transparentes atmósferas y una expresividad inusitada.
 

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