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Presentación de una escultura románica del Museo de Zaragoza

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ABR11
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A cargo del catedrático de Historia del Arte Fernando Galtier Martí

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Presentación

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Fecha: 16 de abril de 2011
Hora: 12 h.
Lugar: Salón de Actos del Museo de Zaragoza, Plaza de los Sitios 6. 50001 Zaragoza



Esta escultura románica forma parte de la colección permanente del Museo desde 1930, año en que ingresó por compra y que ahora se presenta renovada tras someterse a una restauración profunda. Simultáneamente los nuevos estudios la sitúan como una obra señera dentro de la estatuaria románica.


De procedencia aragonesa, se puede datar entre finales del siglo XII y principios del XIII, las últimas investigaciones la identifican como una María ante el sepulcro. La obra gana significado en un contexto histórico-artístico, el románico y dentro de uno de los grupos escultóricos que artistas anónimos realizaban para los altares de las iglesias; nos referimos a los conocidos, Grupos del Descendimiento y de la Resurrección. Iconográficamente esta escultura de María, se identifica con una de las Santas Mujeres que tras la muerte de Cristo, se dirigen hacia su Sepulcro a lavar su cuerpo. La talla no solo es un hito desde el punto de vista cuantitativo, puesto que no llega a la media docena las piezas similares que hasta el momento se han conservado de este periodo, sino que además es de las pocas que conserva una policromía original.


Su presentación y puesta de largo en el Museo abre la puerta para que el público visitante pueda admirar y estudiar esta obra escultórica que enriquece significativamente la colección de Bellas Artes del Museo de Zaragoza.





María
ANÓNIMO
Procedencia Aragonesa
Románico Siglo XII- XIII
Madera policromada


Escultura tallada en una sola pieza de madera, de simplicidad volumétrica, ciñéndose a la estructura en bloque de madera de pino ligeramente inclinada a la derecha. Representa a una mujer con túnica, manto y corona. La figura sobre pedestal, destaca por la verticalidad de la representación, rostro alargado que termina en barbilla muy estrecha, ojos grandes almendrados y frente ancha y despejada. La mano derecha está levantada saludando mientras que con la izquierda sujeta una cajita destinada a ungüentos.


En los trabajos de restauración ha salido a la luz una rica policromía, correspondiente a un trabajo cuidado y delicado teniendo en cuenta la cronología de la pieza. La obra se encontraba totalmente deteriorada y oscurecida, debido probablemente a haber estado expuesta, tiempo atrás, a un posible incendio que incluso llegó a calcinar alguna de sus partes originales. Gracias en parte a esta capa superflua que quedó adherida de forma permanente a la obra, la policromía original se ha conservado hasta nuestros días. Aunque existen bastantes lagunas pictóricas, se conserva gran parte del alba que la cubría de color azul con dibujos geométricos en color dorado. La dalmática le cubre hasta la zona de los pies y es de color rojo con un estampado a base de trazos rectos en negro . La pequeña cajita de ungüentos que sujeta con una de sus manos, tiene forma alargada también de color rojo, aunque esta vez y con trazo negro simula otra decoración pictórica más lineal.


Un estudio documental destaca la singular importancia que adquiere en su contexto cultural, siendo una iconografía nada frecuente en el arte y especialmente en el románico. Cuantitativamente tan solo encontramos piezas similares en el Museo Cluny de París, Museo San Fog de Massachussets o Museo Godiá de Barcelona, más un Ángel también del grupo de la Resurrección hallado en Colonia.


Si bien los grupos escultóricos característicos del románico son los grupos del Descendimiento, también aunque con menor frecuencia encontramos los grupos que pertenecerían a la Resurrección del Señor y a la visita de las Marías al Santo Sepulcro. Los evangelios canónicos no plantean problemas en cuanto a la sucesión cronológica de dichos hechos.¿Cuando las Santas Mujeres llegaron al sepulcro, Cristo ya no estaba allí… Este hecho reduce las representaciones a la escena inmediatamente posterior a la Resurrección, así en la propia iconografía del arte cristiano en vez de mostrar la forma y el momento en que Cristo sale de su sepulcro, los artistas prefirieron ceñirse a los relatos que proporcionaban los Evangelios, que simbolizaban la Resurrección por medio de la representación de las Marías ante el sepulcro, siendo la propia Resurrección del cuerpo de Cristo, un tema de aparición más tardía.

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