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«La educación de las niñas», en el Museo Pedagógico de Aragón

20
ABR22
30
SEP22

La muestra repasa la educación de las niñas del siglo XIX a la transición

Museos y centros
Exposición
La educación de las niñas, sala 2. Foto: Archivo fotográfico del Museo Pedagógico de Aragón

Museo Pedagógico de Aragón- Sala Palmira Plá. Plaza López Allué, Huesca
De miércoles a viernes de 9 a 20 h., sábados de 10 a 14h. y de 17 a 20h. y domingos de 10 a 14h.

Hasta hace tan solo unas décadas se podía distinguir claramente el mundo de las mujeres y el mundo de los hombres. El universo masculino –con su lenguaje, sus liturgias, sus intereses y sus valores– y el mundo femenino –con sus roles, sus aspiraciones y sus espacios reducidos al hogar, los hijos y la iglesia–. Eran dos mundos separados y desiguales. Hace sesenta o setenta años era difícil que un hombre hiciera la cama, la comida o la compra. Ni que se ocupara de la limpieza de la casa o de tender la ropa.

Las escuelas siempre son reflejo de los valores de una sociedad. Por eso, edificios como la escuela dedicada a Joaquín Costa y el Grupo Escolar Gascón y Marín, en Zaragoza, o el de la antigua Escuela Normal de Magisterio de Huesca, tienen dos puertas, dos escaleras, dos pasillos y un recreo dividido. A un lado los niños y, al otro, las niñas.

Los chicos y las chicas no solo estudiaban en espacios separados, también estudiaban cosas distintas y de otra manera: las Labores para ellas y la Agricultura para ellos. Los niños leían Juanito y las niñas Flora. En urbanidad se distinguía entre lo que era conveniente para la niña bien educada y lo que se esperaba del niño bien educado. Y, por supuesto, había juguetes de niña y juguetes de niño.

Durante los años ochenta del siglo XX se impulsaron campañas de sensibilización, se revisó el contenido de los libros de texto para eliminar cualquier forma de sexismo, se extendió la preocupación por el uso del lenguaje de manera no exclusiva… Aquellas medidas podían resumirse en la impactante la campaña «No limites su educación. Es una mujer del siglo XXI».

Ya estamos en el siglo XXI. Es evidente que hemos avanzado mucho en unas pocas décadas, pero aún nos queda un largo camino por recorrer para lograr la igualdad. Además, actualmente el sexismo se transmite implícitamente, de manera muchas veces oculta, pero ahí está condicionando el presente y el futuro de muchas niñas. Basta pensar en los porcentajes de jóvenes universitarias que eligen los estudios de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (disciplinas representadas por el acrónimo STEM) para concluir que aún estamos lejos de la igualdad en educación.

Si el presente siempre es consecuencia del pasado, resulta evidente que en España, la desigualdad entre niños y niñas, entre hombres y mujeres, se fomentó durante la dictadura del general Franco. Adolfo Maíllo, uno de los pedagogos del régimen, defendía que el ciclo vital de la mujer comprendía hija, esposa y madre. Por eso había que volver «a la sana tradición que veía en la mujer a la hija, a la esposa y a la madre y no la ‘intelectual’ pedantesca que intenta en vano igualar al varón en los dominios de la Ciencia. El lugar de la mujer no era el foro, ni el taller ni la fábrica, sino el hogar, cuidando de la casa y de los hijos.

Esta «sana tradición» era injusta. En algunos períodos de nuestra historia reciente a escuela —y la sociedad— ha sido injusta con las mujeres, limitando su mundo, sus expectativas y sus sueños. El tipo de educación que han recibido las ha condenado a una perpetua minoría de edad.

Desde su génesis en el siglo XIX y hasta la Constitución de 1978 en la que se establece la igualdad de todas las personas, el sistema educativo español ha separado a niños y niñas y les ha dado una educación distinta. Solo podemos señalar una excepción: el breve período de la II República.

Las consecuencias de un modelo educativo solo pueden entenderse en el tiempo largo. Es evidente que la educación que las niñas han recibido no es responsabilidad única de la escuela. En el seno de las familias se fomentan determinadas expectativas respecto a lo que queremos ser, transmiten valores, creencias, roles… pero esa manera de entender la realidad de los componentes de las familias, también se gestó en el sistema educativo.

Con la exposición La Educación de las niñas el Museo Pedagógico de Aragón pretende favorecer la reflexión sobre el tipo de educación que las niñas han recibido durante décadas en las escuelas y, al mismo tiempo, invitar a nuestros visitantes a soñar con la educación que queremos, con las escuelas que necesitamos.

La exposición tiene como objeto fomentar la igualdad a través de las artes y la cultura, dentro del proyecto Cultura en Igualdad. Mujeres en Museos, Archivos y Bibliotecas, que se están llevando a cabo, desde la Dirección General de Cultura del Gobierno de Aragón.

El material expuesto se divide en 6 secciones relacionadas con el mundo de las niñas y su educación desde finales del siglo XIX a la transición democrática en España tras la Dictadura del General Franco:

  1. Presentación
  2. Labores. Tras la Ley de Moyano en 1857, las niñas recibían en las escuelas primarias una educación distinta a los niños. Labores era la asignatura propia de las niñas y presente también en los planes de estudios que cursaban las jóvenes que querían ser maestras.
  3. Lectura de niñas y manuales de urbanidad. Los libros de lectura de los niños y las niñas eran distintos. En ellos se expresaban valores y maneras de entender la realidad que ofrecían la visión de una niña bien educada.
  4. El mundo de las niñas- Las niñas y el hogar. Las niñas eran educadas como futuros ángeles del hogar, asumiendo los roles de esposa, madre y ama de casa, que se reflejan en canciones, juguetes y lecturas.
  5. El mundo de las niñas- Las niñas en la escuela. Las fotografías conservadas de niñas con sus maestras y escuelas de Aragón de la primera mitad del siglo XX, nos transmiten la imagen de niñas ocupadas en tareas consideradas femeninas y cómo sus maestras eran un modelo a seguir.
  6. Maestras y la Sección Femenina. Durante la dictadura del General Franco se prohibió la coeducación. La Sección Femenina se convirtió en elemento de transmisión del papel secundario de las mujeres en la sociedad. Durante cuarenta años las aspirantes a maestra tuvieron que realizar cursos de la Sección Femenina de Falange para poder ejercer.

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