Agenda

Portada > Agenda > Exposición “El dibujo español en el gusto privado. Del Renacimiento a la Ilustración”

Exposición «El dibujo español en el gusto privado. Del Renacimiento a la Ilustración»

28
MAR19
26
MAY19

En el Museo de Zaragoza

Museos y centros

|

Exposición

|

Enlaces relacionados

Lugar: Museo de Zaragoza, Plaza de los Sitios, 6. (Zaragoza)
Fechas: del 28 de marzo al 26 de mayo de 2019
Horario: de martes a sábado de 10 a 14 y de 17 a 20 h. Domingos y festivos de 10 a 14 h.

Los dibujos con los que grandes maestros de la pintura idearon sus cuadros o a través de los cuales expresaron sus ideas artísticas con una técnica distinta salen de las colecciones particulares donde se conservan para mostrarse al público. Tesoros como una revisión de ‘Las Meninas’ salida del lápiz de Goya, estudios de la figura humana de Francisco Bayeu, unas tarjetas de visita salidas de la tinta de Mengs o unas tres Marías dibujadas en pluma por el italiano Pietro Morone, que vivió en Zaragoza en el siglo XVI, pueden disfrutarse en el Museo de Zaragoza, en una exhibición única, que enseña algunos fondos hasta ahora nunca vistos bajo el nombre «El dibujo español en el gusto privado. Del Renacimiento a la Ilustración».

Se trata de 60 dibujos, cinco grabados y un álbum que recorren los siglos XVI, XVII y XVIII a través de estas creaciones, que revelan el genio de sus creadores y que pertenecen a siete coleccionistas particulares. Con esta exhibición, se pretende impulsar el conocimiento y la importancia del dibujo español, cuya concepción como obra menor cambió en la década de los setenta gracias a las investigaciones de los profesores Diego Angulo y Alfonso E. Pérez Sánchez y a los fondos que han ido atesorando la Biblioteca Nacional de España, la Academia de San Fernando o el Museo del Prado. El propio Museo del Prado ha programado una gran exposición de dibujos para el próximo mes de octubre, dentro de los actos con los que está celebrando su bicentenario.

El auge de esta técnica ha propiciado el interés de los coleccionistas privados en las últimas décadas. Desde Zaragoza, la colección Félix Palacios ha servido de aglutinante para atraer a otras que se cuentan entre las más prestigiosas del país, entre ellas la colección de Juan Abelló, la colección de Enrique Gutiérrez de Calderón (de la galaría Caylus de Madrid) y la colección Colomer (director del Centro de Estudios de Europa Hispánica y el Center for Spain in America), cuyos propietarios han cedido al Museo esta espléndida selección de piezas. Además de ellos, también prestan fondos para esta muestra Fernando Cardera Soler, embajador de España en París, Carlos Juan Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, duque de Alba; y Ángel Navarro Pardiñas. Gracias a los trabajos que han cedido se muestra otra dimensión del coleccionismo particular o privado, que no solo son los grandes lienzos, si no también obras de pequeño formato, trazos de gran autenticidad.

Los trabajos que cuelgan ya de las paredes del museo zaragozano, a cuyo estreno ha acudido esta mañana la consejera de Educación, Cultura y Deporte, Mayte Pérez, suponen en su gran mayoría piezas a pluma, tinta o lápiz provenientes de cuadernos y anotaciones, una obra muy especial y de difícil conservación que se ha mantenido gracias a la labor de los coleccionistas. Además de Pérez, han estado presentes en el Museo de Zaragoza su director, Isidro Aguilera; el director general de Cultura y Patrimonio, Nacho Escuín; el comisario de la muestra, José Ignacio Calvo, y algunos de los coleccionistas que han prestado sus fondos para configurar esta importante exhibición. Entre ellos, Pilar Carderera, José Luis Colomer, Félix Palacios y Enrique Gutiérrez Calderón.

La consejera ha señalado que esta muestra «pone en primera fila una técnica que durante años se consideró menor» y ha agradecido a la Fundación Goya su trabajo para que el público pueda disfrutar de trabajos nunca vistos hasta ahora en un museo.

«El dibujo español en el gusto privado» se articula en tres bloques, uno dedicado al siglo del Renacimiento, otro al pleno Barroco y el último, a la Ilustración, y cuenta además con un área específica dedicada a Goya.

El siglo del Renacimiento

En el siglo XVI los teóricos del Renacimiento italiano estimaron el dibujo como una de las actividades más elevadas de la creación artística, no sólo como medio de estudio sino también como vía de especulación intelectual. Es bien conocida la enorme influencia que tuvo Italia en el Renacimiento español, a menudo a través de la presencia de artistas extranjeros como lo fueron el italiano Pietro Morone o el flamenco Pablo Scheppers, quienes recalaron en Aragón. La gran obra de El Escorial, foco de atracción de prestigiosos pintores italianos, dejó profunda huella en los artistas nacionales, caso del miniaturista Pedro Sánchez de Ezpeleta, nacido en Alagón. Francisco Pacheco se mantuvo apegado a la tradición «cinquecentista» pero merece ser recordado por la importancia que otorgaba al dibujo y por sus escritos teóricos de amplio eco entre los pintores del Barroco.

El siglo del Barroco

Los grandes protagonistas de la pintura del siglo XVII fueron también grandes dibujantes a los que hoy admiramos por la diversidad de sus técnicas, a menudo de formas abiertas, movidas y luminosas, frente a las formas contraladas y cerradas del Renacimiento. Eugenio Cajés, Herrera el Viejo y Vicente Carducho se mantuvieron todavía apegados al manierismo reformado que ya explora la verosimilitud, pero la irrupción del naturalismo dio lugar a una nueva sensibilidad estética del todo barroca, magistralmente encarnada por José de Ribera. Antonio del Castillo se cuenta entre los adeptos al estudio directo de la realidad. Sin embargo, la realidad supo ser trascendida por aquellos artistas eminentes que penetraron con emotividad en las almas de sus personajes. Favorecidos por ese don, el granadino Alonso Cano o el sevillano Murillo supieron crear un universo lleno de humanidad que es patente en sus delicados dibujos. La estela que Murillo dejó en Sevilla fue fecunda; baste recordar a Cornelio Schut o a Jerónimo de Bobadilla. Bien entrado el siglo, la fase del pleno barroco exacerbó los valores del movimiento aparatoso y de las formas desdibujadas, entre cuyos representantes destacaron Francisco Rizi y Claudio Coello. En sintonía con esa exuberancia dominó en la arquitectura la corriente churrigueresca, que tuvo en Pedro de Ribera uno de sus principales valedores.

El siglo de la Ilustración

El gusto rococó, de maneras ligeras y amables, pujante a mediados del siglo XVIII, pervivió en muchos dibujos de Antonio González Velázquez, José Camarón y Luis Paret. Pero la corriente artística que se acabó imponiendo en el siglo de la Ilustración fue de signo clasicista, teniendo como distintivo la conquista de la belleza ideal. Radical defensor de estos principios estéticos fue Antonio Rafael Mengs, pintor bohemio al servicio del rey Carlos III que dejó profunda huella en la generación de los artistas cortesanos a la que pertenecieron los Bayeu, Mariano Salvador Maella, Joaquín Inza y el mismo Goya. Sin olvidar al grabador y magnífico dibujante Manuel Salvador Carmona, yerno de Mengs. Casi todos ellos impartieron docencia en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, en la que el dibujo era disciplina fundamental y base para el resto de aprendizajes.

Goya

En el contexto de una iniciativa que pretendía reproducir en estampa las principales pinturas de las colecciones reales, Goya empezó a dibujar y a grabar al aguafuerte los cuadros de Velázquez. En 1778 ponía a la venta las once estampas que había realizado hasta entonces. Continuó esta labor en años posteriores aunque en el caso de Las meninas nunca llegó a estampar una edición múltiple. Tan solo se conservan unas pruebas de estado y el dibujo original a la sanguina, de extraordinario valor y rareza. Este dibujo perteneció al amigo de Goya Juan Agustín Ceán Bermúdez, autor del famoso Diccionario de artistas españoles, cuya edición pretendió ilustrar con algunas efigies de los artistas reseñados, lo que no logró. Con ese objetivo encargó a Goya dibujar varios retratos, entre ellos el del propio Ceán, el de Felipe de Liaño y el de Cesare Arbasia, pero nunca fueron trasladados a la estampa.

En su vejez Goya demostró singular cariño por la niña Rosario Weiss, a la que él mismo inició en el dibujo. Era hija de Leocadia Zorrilla, su ama de llaves y acaso ligada sentimentalmente al pintor. Rosario esbozó a lápiz el retrato de Goya en varias ocasiones.

*Fuente: www.aragonhoy.net

Agenda

Comparte
Send this to a friend