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Cantimplora romana. «Obra destacada del trimestre» en el Museo de Huesca

01
OCT07

En la muestra colabora la Asociación de Amigos del Museo

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CANTIMPLORA


Material: Cerámica engobada


Cronología: 2ª mitad del siglo I d.C. / 1ª mitad del siglo II d.C.


Esta cantimplora procede de la excavación urbana de Huesca del solar situado en la C/ Pedro IV. Se trata de una pieza cerámica engobada hecha a torno con pasta clara. Posee dos asas molduradas de sección rectangular que salen por debajo de la boca y apoyan en el hombro. La boca presenta dos molduras, siendo la superior más estrecha. Una de las caras tiene el centro cóncavo. La superficie es de engobe brillante amarillo-dorado.


Responde, casi con total seguridad, a producciones locales de Huesca.


En la cerámica romana pueden apreciarse diferentes tradiciones que han ido conformando unas producciones singulares. Una herencia griega transmitida en época helenística por el Mediterráneo, las tradiciones locales en la propia Península Itálica y las manifestaciones autóctonas de las distintas áreas geográficas ocupadas por el Imperio, dieron lugar a característicos tipos cerámicos.


La cerámica común es una serie de tipos cerámicos que constituyen la vajilla usada a diario en la cocina y la mesa, carente de valores suntuarios. Son propias de estas cerámicas las pastas poco elaboradas, con abundantes desgrasantes, acabados diversos y por lo general poco perfectos, formas variadas que se adecuan para cumplir la función a que se destinan, con ausencia casi generalizada de decoración.


La cerámica de lujo corresponde con la cerámica llamada Terra Sigillata. Recibe su nombre por el sigillum (sello o cuño) con el que se realizaba la decoración de los moldes en que se obtenían estas piezas. El característico color rojizo brillante se lograba mediante un baño en arcillas depuradas antes de efectuarse la cocción en hornos especiales. Sus formas, por tratarse de una producción industrial realizada a molde, ha sido sistematizada con facilidad.


Hacia mediados del s. I d.C. dio comienzo en la Península Ibérica la producción de cerámica tipo Terra Sigillata Hispánica imitando las producciones de la Terra Sigillata Itálica. Se trata de una cerámica de lujo con una cantidad muy amplia de formas y tipos, si bien se trataba de una cerámica más económica que la procedente de tierras italianas y, por tanto, más asequible para ciertas capas sociales que pretendían aparentar un lujo al que no tenían acceso. La producción se alargó hasta los siglos IV y V d.C.


Se podría decir que un escalón inferior en cuanto a la calidad lo proporciona la cerámica engobada que se caracterizaba por tener un recubrimiento rojizo poroso, producido por una cocción a escasa temperatura. Eran, por tanto, productos con una calidad intermedia entre las sigillatas y las cerámicas comunes.

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