Agenda

Portada > Agenda > Ánfora de Labitolosa. “Obra destacada del trimestre” en el Museo de Huesca

Ánfora de Labitolosa. «Obra destacada del trimestre» en el Museo de Huesca

01
JUL09
30
SEP09

En la muestra colabora la Asociación de Amigos del Museo

Museos y centros
Exposición

Enlaces relacionados

ÁNFORA



Altura: 21,5 cm
Diámetro máximo: 34 cm
Diámetro boca: 20 cm


Labitolosa, ciudad Hispanorromana perteneciente al Convento Caesaraugustano, se sitúa en el Cerro Calvario de la localidad oscense de La Puebla de Castro. Estuvo habitada desde el siglo I a.C. y creció ininterrumpidamente hasta la primera mitad del II d.C. produciéndose su abandono a comienzos de la siguiente centuria. La ciudad alcanzó el status municipal en época flavia lo que provocó la monumentalización de su centro público, en el que se ha localizado el edificio al Genio municipal que fue utilizado como curia.


Esta vasija se encontró entre los materiales de amortización utilizados para la construcción de uno de los edificios termales de esta población, TERMAS II, construido entre los años 70-80 d.C., y en uso hasta el año 195. Este conjunto, edificado en el solar donde con anterioridad se ubicaron diversos espacios domésticos, está situado al sureste de otro complejo termal, TERMAS I. Tiene unas dimensiones de 30 x 15 metros y una disposición axial clásica en este tipo de edificios, diferenciándose claramente las salas de agua fría y las salas calientes con su hypocaustum. Se caracteriza por disponer de calefacción en las bóvedas mediante un particular sistema de conductos de dovelas y ladrillos con ranuras.


Del ánfora se conserva solamente su parte superior, boca, cuello y una porción de la panza, y sus dos asas de cinta que, desde el mismo nivel que el borde, apoyan en los hombros de la vasija. Aunque carecemos de su parte inferior y del pié, dada la disposición de las asas y la amplitud del cuerpo, podría tratarse de la imitación por parte de los ceramistas ibéricos de una clase de ánfora característica de las producciones griegas, la kélabe.


Es una pieza de cerámica ibérica pintada con variados motivos geométricos, vegetales y figurados de color granate que destacan sobre el siena del cuerpo del recipiente. Sobre banda entre filetes dispuestos horizontalmente, la decoración se dispone de forma metopada en las dos caras de la vasija, dejando sin decorar las zonas bajo las asas. Las dos metopas están delimitadas por pares de filetes verticales que surgen del inicio del cuello, entre los que hay líneas cortas y sinuosas dispuestas horizontalmente. Entre estrellas, elementos vegetales y pequeños trazos aparece el motivo principal de la composición en ambas caras, la silueta incompleta de un cuadrúpedo. En las dos se aprecian los cuartos traseros y la línea ventral, ligeramente curva, mientras que sólo en una, se conservan los cuartos delanteros. En ambas las pezuñas son estilizadas y parecen disponerse de puntillas. La decoración de la pieza se completa con estrellas de cuatro puntas con pequeños trazos entre estas últimas que discurren por ambas asas, y una orla de elementos entrecruzados en el borde.


Esta decoración, su disposición y los motivos utilizados por el ceramista, constituye un claro ejemplo de las producciones ibéricas decoradas propias de la última etapa de la Cultura Ibérica, el Ibérico Tardío, período que en Aragón se fecha entre el 218 a.C. y el año 50 a.C., aproximadamente, y que coincide con el proceso de romanización de la Península Ibérica. Estas composiciones denominadas barrocas, complejas o floridas, se caracterizan por la abundancia de motivos ornamentales de todo tipo, geométricos más o menos simples, vegetales, ideales o realistas, y representaciones animales y humanas, dispuestos de maneras variadas, adaptándose a la forma del recipiente.


Merece la pena destacar lo excepcional de esta pieza por diferentes motivos. En primer lugar, su forma, una imitación del repertorio griego que los ceramistas ibéricos reprodujeron y adaptaron a sus modos de fabricación y estilos decorativos. En segundo lugar, su decoración con representaciones animales, minoritaria en las producciones ibéricas de esta área del territorio aragonés. Por último y en tercer lugar, a pesar de que el edificio de las TERMAS II, se data entre los años 70-80 d.C., esta ánfora pertenecería al ajuar doméstico de los edificios que, con anterioridad a la edificación del conjunto termal, existieron en ese lugar de la ciudad. Teniendo en cuenta su decoración, quizás formó parte de una vajilla, en este caso una pieza con la función de contener líquidos, utilizada en alguna ceremonia o celebración especial.


Textos: Ángeles Magallón y Elena Maestro Zaldívar. Universidad de Zaragoza.

Agenda

Share this